Pecados de Capitales ← Todos los artículos
Macro

La Deuda Americana: Un Riesgo Sistémico que Pocos Están Considerando

Nunca en 250 años de historia los rendimientos del Treasury habían caído cuatro años consecutivos. El pecado de la pereza en estado puro.

Gianfranco Licomati · Julio 2025 · Lectura 8 min
D

Querido pecador capitalista, hoy en este artículo de mi newsletter hablo del pecado de la pereza, un pecado letal en el mundo financiero. Pereza es no querer analizar y ver de continuo la realidad, pensar que todo seguirá como siempre, el no querer evaluar los riesgos sistémicos.

La pereza se casa siempre con la complacencia del "todo va bien por ahora, luego veremos". Por esto, en este 2025 volátil pero fundamentalmente alcista, con las bolsas recuperándose desde abril y buenas perspectivas para final de año, quiero dedicar una reflexión a la deuda pública estadounidense, que ha alcanzado los 36 billones de dólares.

Pero hay un dato aún más revelador que pocos comentan: el mercado de bonos del Tesoro estadounidense se ha desplomado un 50% desde 2020, convirtiendo a los Treasury Bonds en uno de los activos financieros con peor desempeño de los últimos años.

Un hito histórico

Este colapso marca un hito histórico. Nunca en 250 años de historia de la República Americana los rendimientos de los Treasury habían caído durante cuatro años consecutivos. Este dato, aparentemente técnico, esconde implicaciones profundas para los mercados globales: la caída en los precios de los bonos provoca un aumento en los rendimientos, lo que incrementa los costes de endeudamiento para el gobierno, las empresas y los consumidores, creando un riesgo real de desaceleración del crecimiento económico.

Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, lleva tiempo advirtiendo sobre las similitudes entre la situación actual y los patrones típicos de las crisis de deuda soberana. Su análisis se basa en métricas concretas que revelan la magnitud del problema que se está gestando.

El muro de vencimientos

El déficit fiscal estadounidense ronda los 1,8 billones anuales y muestra una tendencia estructural al alza. En 2025, Estados Unidos enfrentará el vencimiento de 7 billones en deuda existente, lo que los analistas denominan el "Maturity Wall". Para refinanciar esta deuda, el Tesoro deberá emitir nuevos bonos por montos equivalentes, aumentando significativamente la oferta en un mercado ya saturado.

La composición de los tenedores revela una vulnerabilidad crítica. El 33% del débito público estadounidense en circulación está en manos de inversores extranjeros. El sector financiero (bancos, fondos mutuos, hedge funds) posee el 31% de los Treasury, mientras que el gobierno y las familias mantienen el resto, con 24% y 11% respectivamente.

Entre los tenedores extranjeros, Japón lidera con más de un billón de dólares en bonos estadounidenses, seguido por China con más de 760.000 millones. Esta concentración en manos extranjeras se ha construido durante décadas, pero los datos del cuarto trimestre de 2024 muestran los primeros signos de una contracción en estas tenencias.

El factor geopolítico

El presidente Trump está replanteando completamente las relaciones comerciales de Estados Unidos con el resto del mundo, lo que ha llevado a muchos países a reconsiderar si sigue siendo conveniente invertir en la mayor economía mundial. Entre relaciones comerciales deterioradas y la percepción decreciente del excepcionalismo americano, estos países podrían tener incentivos para vender sus tenencias de deuda y buscar alternativas.

Una venta masiva extranjera sería devastadora para los precios de los bonos, aplicando las leyes básicas de oferta y demanda. Si todos venden y pocos compran, la demanda cae y la oferta aumenta, presionando los precios a la baja.

Volamos por la que muchos analistas llaman la "NO FLY ZONE": el 4,50% para el bono a 10 años y el 5% para el bono a 30 años. La zona crítica donde los "vigilantes de bonos" empiezan a operar.

Nunca hemos presenciado algo similar en la historia moderna, pero las señales preliminares sugieren que podríamos estar aproximándonos a este escenario en los próximos meses, especialmente considerando las tensiones derivadas de los aranceles y las disputas diplomáticas.

El ciclo de dependencia

El coste de servir esta deuda ya supera el gasto conjunto en sanidad y defensa, creando una presión fiscal que limita severamente las opciones de política económica. La mecánica es directa: para pagar deuda que vence, es necesario contraer nueva deuda, generando un ciclo de dependencia creciente del financiamiento externo que se vuelve cada vez más precario.

Una métrica que refleja este cambio de percepción es el "term premium": la compensación adicional que los inversores exigen por mantener bonos de largo plazo frente a instrumentos de corto plazo. Después de permanecer en territorio negativo desde 2016, este indicador ha regresado a valores positivos, señalando que los inversores perciben mayor riesgo en los instrumentos del Tesoro estadounidense.

Esta dinámica crea presiones auto-reforzantes sobre los rendimientos. Cuando los inversores exigen mayores retornos, los costes de financiamiento aumentan, lo que a su vez presiona el déficit fiscal. Es un mecanismo que históricamente ha precedido a crisis de deuda en otras economías, y Estados Unidos no goza de inmunidad ante estas fuerzas.

El dilema de la Fed

La Reserva Federal enfrenta un dilema complejo sin soluciones fáciles. Subir tipos de interés para controlar la inflación incrementaría dramáticamente el coste del servicio de la deuda, pero mantenerlos bajos podría alimentar presiones inflacionarias y erosionar la confianza en el dólar como reserva de valor global. Lo que implementaría aún más el llamado debasement monetario del dólar, pero esto es un tema que analizaremos en otro artículo.

Dalio identifica varios patrones preocupantes: déficits estructuralmente insostenibles, dependencia creciente del financiamiento externo, deterioro gradual de la confianza internacional y un marco de política monetaria cada vez más restringido. Estos elementos combinados forman un cóctel potencialmente explosivo.

Qué hacer como inversor

Los ciclos económicos son inevitables, y Estados Unidos no constituye una excepción histórica. Durante décadas, su posición como emisor de la moneda de reserva mundial le permitió financiar déficits que otras economías no podrían sostener. Sin embargo, esta ventaja no es permanente ni incondicional, especialmente cuando los fundamentos se deterioran.

Para los inversores, esta situación sugiere la necesidad urgente de diversificar la exposición geográfica y de monedas. Los activos denominados en divisas con fundamentos fiscales más sólidos, las materias primas y los instrumentos que tradicionalmente se comportan como refugio de valor podrían ofrecer protección contra un eventual ajuste del sistema.

Las economías con menores déficits fiscales, superávits en cuenta corriente y menor dependencia del sistema financiero estadounidense podrían mostrar mayor resistencia ante cambios en las dinámicas de flujos de capital globales que parecen cada vez más inevitables.

La situación actual sugiere que el modelo económico estadounidense enfrentará ajustes significativos en el medio plazo. Reconocer estos riesgos temprano permite tomar decisiones de inversión más informadas antes de que se conviertan en consenso de mercado.

A seguir pecando, Gianfranco Licomati