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Estrategia

Porque Sobre la IA Seguimos Mirando el Dedo, y No la Luna

Mientras el mercado se obsesionaba con la caída de Nvidia, algo mucho más grande ocurría en otro lado: la IA dejaba de ser un club exclusivo.

Gianfranco Licomati · Febrero 2025 · Lectura 8 min
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La semana pasada vimos la caída de Nvidia en bolsa. Y, como siempre, el mercado reaccionó con su típico vaivén bipolar: primero el pánico, luego la euforia, después el escepticismo. Pero mientras la atención estaba puesta en los gráficos y las fluctuaciones, algo mucho más grande estaba ocurriendo en otro lado.

Nos han contado una historia muy clara hasta ahora: Estados Unidos lidera la inteligencia artificial, con sus centros de datos colosales, sus inversiones descomunales y empresas como Nvidia, OpenAI o Meta marcando el ritmo. Y, en teoría, si alguien quiere jugar en esta liga, no tiene más opción que pasar por caja y comprarles tecnología. Pero aquí viene lo interesante: China ha decidido que esa historia ya no le convence.

Un 95% más barato

En los últimos días han aparecido dos nombres que pocos fuera del sector han notado todavía: DeepSeek y Quench. Dos algoritmos chinos que, en términos de costes y eficiencia, han dado un salto que nadie esperaba. Según los datos que circulan —y ojo, aún hay que tomarlos con cierta prudencia—, operar DeepSeek es hasta un 95% más barato que hacerlo con OpenAI. Sí, has leído bien. No un 10% ni un 20%. Un 95% menos.

Y aquí está el giro que cambia el juego: no solo han logrado reducir los costes, sino que han liberado el acceso a estos modelos. Cualquier país, empresa o startup que no pueda —o no quiera— depender de la tecnología estadounidense ahora tiene otra opción. Puede tomar estos modelos, afinarlos y hacerlos funcionar en casa, sin depender de Silicon Valley.

¿Te das cuenta de lo que significa? Hasta ahora, el acceso a la IA estaba restringido a quienes podían permitirse infraestructuras gigantescas y una inversión desorbitada. Pero si estos nuevos modelos cumplen lo que prometen, la IA dejará de ser un club exclusivo. Podría descentralizarse, y países que hasta hoy estaban en la cola tecnológica pueden empezar a tomar posiciones. Esto no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión de soberanía digital, geopolítica y económica.

El año de diferencia que es un abismo

Estados Unidos no solo lidera en IA, sino que decide cuándo y cómo comparte su tecnología con el resto del mundo. Y no es un detalle menor. Si eres una empresa estadounidense, accedes a la última versión de los modelos de OpenAI de inmediato. Si eres europeo, toca esperar. Puede que sea solo un año de diferencia, pero en términos de competitividad ese año es un abismo.

Un ejemplo clarísimo: Operator, un sistema de OpenAI ya disponible en EE. UU., cuya implementación en Europa se retrasará por temas normativos. No es proteccionismo, no es un bloqueo abierto, es un simple desfase que, en la práctica, pone a las empresas europeas en desventaja. No necesitan prohibir el acceso a su tecnología; les basta con retrasarlo lo suficiente para que sus empresas lleven ventaja.

China ha respondido con eficiencia, no con fuerza bruta. La escasez obliga a la optimización, y la optimización puede ser el arma más poderosa de todas.

Estados Unidos juega con otros recursos: allí sobra capital, energía e infraestructura. Pueden permitirse el lujo de innovar a base de pura potencia, como quien pisa el acelerador de un SUV gigante sin mirar el consumo. En Europa la historia es distinta: ni hay terreno suficiente para un centro de datos del tamaño de Manhattan ni la energía es tan barata como para derrocharla.

Energía y soberanía de los datos

Entonces, ¿qué opciones tiene Europa? Este es el punto clave: energía y soberanía de los datos. Si la IA se descentraliza, si cada país o empresa puede ejecutar sus propios modelos sin depender de los gigantes estadounidenses, Europa tiene la oportunidad de entrar al juego con reglas propias. Pero para eso necesita algo más que regulaciones: necesita energía barata, acceso a infraestructura y un modelo que le permita aprovechar la revolución sin depender siempre de lo que llega del otro lado del Atlántico.

Porque, sí, DeepSeek y Quench han abierto la puerta a una nueva forma de acceder a la IA, pero hay un detalle clave que no podemos pasar por alto: la seguridad. Usar estos servicios es tentador. Son potentes, eficientes y, en muchos casos, gratuitos. Pero operan dentro del Gran Cortafuegos chino: cada documento, cada dato que subes cruza la frontera digital y termina en servidores que no controlas. ¿Quién la ve? ¿Quién la usa? Es la pregunta que cualquiera que valore la privacidad debería hacerse.

El giro inesperado: la licencia MIT

Pero aquí viene el giro. DeepSeek no solo ha liberado el servicio, sino también el software. Si mañana una empresa europea, italiana o española quiere usar DeepSeek sin que sus datos viajen a China, puede hacerlo: basta con descargar el código fuente —disponible en repositorios abiertos como GitHub—, instalarlo en servidores locales, auditarlo y desplegarlo sin depender de nadie. Europa podría tener su propio DeepSeek soberano, sin ceder control.

Y aquí China ha sido más lista de lo que muchos creen. No ha salido al mercado con cualquier licencia de código abierto. Ha elegido la más permisiva de todas: la licencia MIT. ¿Qué significa? Que cualquiera puede usarlo gratis, ofrecer servicios comerciales basados en él, instalarlo en sus propios servidores sin restricciones y hasta cerrar el código y hacer una versión propia sin rendir cuentas a nadie. Básicamente, China ha entregado al mundo una herramienta que cada país puede adaptar a su medida.

¿Idealismo? ¿Estrategia? Difícil de decir. Pero pensar que el gobierno chino no estaba al tanto de este movimiento es, como mínimo, ingenuo.

No juega al ajedrez, juega al Go

Si algo ha demostrado China en los últimos años es que no juega al mismo juego que Estados Unidos. No juega al ajedrez, juega al Go. Son dos juegos estratégicos con filosofías muy distintas: en el ajedrez buscas eliminar piezas hasta ganar; en el Go rodeas a tu oponente poco a poco, cerrándole el paso sin que se dé cuenta, hasta que la partida está perdida.

Cuando Google derrotó al campeón de Go, Lee Sedol, en 2016 con AlphaGo, China entendió que tenía que acelerar su carrera en IA. Y lo hizo. Estados Unidos innova a lo grande, con inversión descomunal, con fuerza bruta. China optimiza, rodea, espera el momento justo para hacer su jugada ganadora.

Ahora el tablero está montado. La IA de código abierto ya es una realidad y la soberanía de datos ya no es un sueño, sino una opción real. Pero queda una pregunta por responder: incluso sin las GPU más avanzadas, siguen siendo necesarios procesadores de Nvidia. ¿Cómo reaccionará Estados Unidos? Por ahora, el código abierto en IA está siendo moldeado más por la dinámica del mercado que por la geopolítica. Pero ¿hasta cuándo?

El juego sigue en marcha, y el desenlace aún está por escribirse. Vivimos una época magnífica de innovación continua, excitación y lucha por el control de la IA. Esto acaba de empezar, señores.

A seguir pecando, Gianfranco Licomati